Los prerrequisitos (El coraje)

En la base de todo candidato para llegar a la cima deben estar los prerrequisitos, ellos se definen como el equipo necesario y se refieren a las actitudes (coraje y ambición) pero también a las aptitudes (inteligencia directiva).

Coraje

“El coraje es sin duda la virtud más universalmente admirada. Es curioso que prestigio de que goza no dependa de las sociedades ni de las épocas, ni siquiera de los individuos”
André Comte-Sponville –Pequeño tratado de las grandes virtudes

El coraje ha sido definido a menudo como el sentido protagónico necesario para enfrentar o asumir el liderazgo en una situación concreta; se trata en sí de una palabra atrapante y el inicio de nuestra conceptualización del equipaje para el candidato a la cima.

El coraje al que evocamos no se refiere al ímpetu desenfrenado, corriendo riesgo innecesarios, sino a atreverse cuando realmente importa, tampoco se trata de endiosar al coraje por si mismo, tal cual señala Comte-Sponville el coraje universalmente admirado es sospechoso:

“Que el principio de la moral sea universalizable no prueba el éxito sea universal. La virtud no es un espectáculo y no se relaciona con los aplausos. El coraje, sobre todos, sirve para todo, para el bien y el mal. Maldad valiente sigue siendo maldad. Fanatismo valiente es fanatismo”

Así entendido, nuestros viajantes deben saber que la audacia implica desarrollar una predisposición por aceptar situaciones que otros dejan pasar, es sentir que ese es el momento, la ocasión precisa.

Es fácil entonces coincidir que los directivos, los gerentes y quienes estén llamados a ser protagonistas de la vida institucional deben adoptar una postura acorde a lo que se espera de ellos.

Recuerdo el caso de un excelente colaborador que luego de unos años de trabajar como analista se destacaba por su fino análisis, detallados informes, buen trato y excelente predisposición para el trabajo; fue entonces cuando en una evaluación de desempeño se coincidió con la Gerencia de Recursos Humanos en promoverlo a una jefatura recientemente vacante; luego de las entrevistas de rigor la única duda que subsistía era si el candidato tenía el millaje suficiente para ocupar la posición.

Una última entrevista en conjunto determinó que su merecimiento y su coraje sobresalía por sobre otros candidatos; así fue promovido y se estableció tuviera a cargo un grupo de cinco colaboradores; tal persona al cabo de un tiempo a pesar del seguimiento realizado no había conseguido instaurarse como jefe y seguía siendo un excelente analista que veía a sus dirigidos como compañeros más que como colaboradores, alguien que continuaba haciendo su propio trabajo y además del que otros no realizaban, alguien que antes que delegar prefería hacerlo el mismo.

El coraje en sí es una virtud, pero una virtud gerencial y directiva a medias; el coraje trae las oportunidades, hace resaltar al candidato pero requiere además la disposición para hacer una transición entre el puesto anterior y el actual.

Cualquiera de las historias cotidianas de éxito donde se verifica la transición se verá que el trabajo ha cambiado desde una tarea anterior a una nueva, resulta fácil entender que los cambios laterales de trabajo son laboriosos, pero no que un ascenso implica un cambio.

Tuve la oportunidad de acompañar aportando algunas ideas a un amigo médico, destacado cirujano en su especialidad quien al cumplir sus cuarenta y cinco años decidió postularse a un concurso interno del Hospital donde trabajaba para la posición de Jefatura de Servicio; en él se destacaba el coraje, y por mantener sus buenos resultados, además por animarse a los casos más difíciles; su prestigio, su preparación y su coraje lo llevaron a obtener la posición deseada.

Al cabo de un año mientras compartíamos una cena se confesó diciendo:

“Lo bueno de ser jefe de servicio es poder establecer asignaciones de recursos, determinar a qué abocarnos, cómo desarrollar nuestros talentos, qué investigaciones realizar, pero también tiene algo de malo; es incontable el papeleo y la cantidad de decisiones que me alejan cada vez más de aquello que realmente me gusta y es ser cirujano”

Mi amigo comenzó a trabajar delegando ciertas tareas que aún bajo su supervisión eran delegables y reorganizó sus actividades tal que pudiera mínimamente atender la nostalgia que le implicaba ser cirujano.

Ahora bien, ¿Puede un gerente encontrar ese mismo equilibrio tal que pueda satisfacer su añoranza y su nuevo empleo?; lo que importa es establecer que el coraje no sólo se refiere animarse ante la oportunidad del ascenso sino también atreverse a cambiar para adaptarse a los nuevos requerimientos, buscar nuevos caminos, maneras de trabajar; de lo contrario el coraje sólo le permitirá aprovecha la oportunidad, pero no sobrevivir a la misma.

Referencias:

En la organización de un Hospital los Jefes de Servicio son equivalentes a un Gerente en una organización empresarial, las buenas prácticas médicas suelen incluir las promociones mediante concursos de antecedentes y la presentación de planes de trabajo para un período determinado.

Extracto de “La Cima – ¿Qué sucede allá arriba? ¿Qué se necesita para llegar y cómo lo hacen quienes la habitan?”, Jorge Washington Barrientos (2007).

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