Administrando las diferencias

Hace unos días como parte de una reunión de Directorio en una organización cliente, uno de los participantes se acerco a reflexionar sobre las iniciativas que se habían presentado y allí me preguntó cómo era posible lograr tanta armonía en nuestro equipo, considerando que en esa reunión estábamos algunos de ellos, incluyendo tres socios de la firma.

A manera de consejo rápido no es mucho lo que uno puede decir, porque la armonía como búsqueda no es más que algo tan laborioso como la búsqueda de la propia felicidad; sin embargo viendo que el interesado en la respuesta era una persona que a su vez tenía un equipo de trabajo que liderar me propuse construir la respuesta desde las diferencias[1], veamos:

1. Cada uno de nosotros es en el ambiente de trabajo un conjunto de capacidades embebidas en una personalidad que nos hace únicos.

2. La diferencia de las capacidades no explica solamente la disparidad que podamos mostrar, la personalidad si puede hacerlo.

3. Las diferencias no necesariamente anulan el rendimiento satisfactorio, sino que muchas veces pueden potenciarlo.

4. La versatilidad del líder hace que las diferencias encuentren unidad en lo esencial y respeto en lo diferente, sea esta diferencia de jerarquía, de opiniones, de creencias.

5. El líder –o aún el simple coordinador- en una situación dada debe entender las diferencias propias y las ajenas para utilizarlas en los momentos donde generan más diferencias.

Luego de compartir estas reflexiones –ajustada a los actores particulares- acordamos con mi interlocutor que la armonía no es más que entender cuando las diferencias deben ser mostradas en el juego de libretos y roles que las organizaciones proponen, puesto que aunque la igualdad sea humana, las diferencias estarán allí.

La voluntad por unir en este caso debe ser superior a la voluntad por mostrarse diferente; esto me trajo a la mente la situación en la que usualmente un subordinado cuestiona lealmente la opinión de un superior, allí la diferencia idealmente debiera ser canalizada en un ambiente propicio, puesto que tal como sugiere Andre Comte-Sponville, la fidelidad a la idea propia puede hacernos perder la oportunidad de conocer lo diferente.

Por último digamos que integrar puntos de vista diferentes (o al menos escucharlos) antes de tomar una última decisión es usualmente recomendable en la construcción de la armonía de los equipos de alto rendimiento.


[1] La respuesta se originó en un apartado de libro que actualmente estoy escribiendo y que llevará como título “La cima”.

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